El país que tenemos ahora, para bien o para mal, es producto de nuestros aciertos y desaciertos del pasado. El país que queremos, que soñamos, también será producto de nuestras acciones. Pero necesitamos un norte, necesitamos un reto, que compartido por todos sea nuestra esperanza, nuestro faro en nuestras decisiones y acciones en el devenir del tiempo. Ningún viento es lo suficientemente bueno para un barco cuando no tiene definido un rumbo ni puerto de destino.
La Venezuela que queremos lograr en las próximas décadas no debe ser muy difícil de dibujar. Debe ser una Venezuela en la cual todos, ricos y pobres, estemos comprometidos en acabar con la pobreza. Una Venezuela en la cual, cada venezolano tenga acceso a la salud y la educación. Una Venezuela en la cual, empresarios y trabajadores establezcan sus relaciones contractuales de una manera competitiva, justa y responsable. Una Venezuela en la cual cualquier venezolano pueda acceder a la clase media y que, con su esfuerzo, pueda construirse un futuro mejor que el que sus padres tuvieron. Una Venezuela en la cual, el Estado sea un facilitador del progreso de los ciudadanos, no dando prebendas parcializadas, sino estableciendo y haciendo cumplir Leyes y reglas claras enmarcadas dentro de la Constitución Nacional; que sea garante de la propiedad privada que cada ciudadano logra con su esfuerzo y que sea responsable de la seguridad de los ciudadanos. Una Venezuela en la cual, las diferentes regiones y localidades compitan por ser la mejor representación del gentilicio venezolano, a través de un proceso de descentralización integral político y económico sin perder la visión global de país.
Para lograr una Venezuela como la dibujada anteriormente, debemos construir: Una sociedad orientada al trabajo, que no valore el trabajo sólo como una fuente de obtención de ingresos, sino como una fuente de libertad, dignidad y respeto por si mismo. Una sociedad comprometida con la Democracia, consciente de que la protección y enriquecimiento de los principios democráticos no es una responsabilidad exclusiva de los partidos políticos, es una responsabilidad política de todos los ciudadanos. Una sociedad en la cual el respeto y el apoyo mutuo sea un valor compartido. Una sociedad en la cual expresemos y reclamemos en alta voz, asumiendo nuestra responsabilidad, cuando las cosas estén mal.
Una Venezuela como la descrita es un reto. Para lograr superar ese reto necesitamos líderes comprometidos, líderes que estén claros en que con cada acción que tomen, por pequeña que sea, nos alejamos o nos acercamos a esa Venezuela que soñamos. Pero, dónde conseguimos esos líderes?
¡¡Eureka¡¡ ¡¡Esos líderes somos nosotros, todos los venezolanos¡¡. Siempre ha sido así. Es tiempo de empezar a ser responsables por nuestros sueños. Es tiempo de empezar a hacer nuestros sueños realidad
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